jueves, 22 de diciembre de 2011

“Capitán América 616: 70 Aniversario”, de Ed Brubaker y VVAA.

Panini ha dividido en dos partes publicadas en los números diez y once del octavo volumen de la serie española el número 616 de la serie regular norteamericana en el que se celebraba el 70 aniversario de la primera aparición del personaje. Un número extraordinario cuya gracia estribaba en que un grupo de variopintos autores que nunca han estado vinculados con las series del Capi aportaban su versión del mismo a través de diversas historias autoconclusivas, salvo la realizada por Brubaker con Deodato que continuaba la trama principal.

Precisamente y empezando con esta historia que algunos comparan con “Archipiélago Gulag” (¡¡¡¿¿¿¿???!!) nos encontramos a un Bucky extraditado a Rusia por sus crímenes de Soldado de Invierno donde empieza a cumplir condena en una cárcel de alta seguridad rusa. A pesar de la buena volunta de Steve Rogers para facilitarle las cosas, Bucky se las tendrá que ver con otros reclusos rusos a los que ayudó enchironar durante su etapa como Soldado de Invierno. Hombre, con la obra del nóbel Sholzhenitzyn no tiene mucho que ver la cosa – ni falta que hace, por otro lado- pero se trata de una historia entretenida en la que Bru una vez más tira de fondo de armario para recuperar a alguno de aquellos superhéroes rusos, los supersoldados soviéticos, que se las tuvieron tiesas con Los Vengadores hace tiempo. La historia la dibuja Deodato aportando el toque espectacular que le caracteriza y mejorando con creces el nivel habitual de la serie.

Del resto de historias a destacar la bonita historia que se marca Howard Chaykin que le ha cogido el gusto al personaje tras el episodio de hace unos meses. Chaykin aporta su visión original escapando de los clichés más manidos ofreciendo una curiosa historia en la que resalta mejor que nadie las contradicciones más profundas del personaje como prisionero de una época que no le corresponde usando como hilo de conductor un cuadro. Lástima que Chaykin termine la historia de un modo un tanto brusco y no se anime a hacer algo más largo con el Capi porque sus apariciones se agradecen enormemente.

Por otro lado, la guionizada por Cullen Bunn y dibujada por Jason Latour tiene más miga de lo que parece ya que contraponer el superheroico y rígido modelo que representa el capi con las debilidades de los pueblerinos de un villorrio de los Estados Unidos profundos que aceptan el alquiler de IMA para sacar adelante su pueblo. Jason Latour realiza un gran trabajo, aportando su estilo elegante y alejado a lo que estamos acostumbrados en el maisntream.

Me gustaría decir algo bueno sobre las historias guionizadas por Mike Benson, Frank Tieri, Kyle Higgins y Alec Siegel pero la verdad es que no van mucho más allá de manejar clichés trillados para permitir el lucimiento de los excelentes dibujantes que les tocan en suerte, dibujantes como Paul Azaceta, Ed McGuiness, Pepe Larraz, Travis Charest o un Paul Grist, del que siempre es agradable tener noticias.

En definitiva, el 616 es un aceptable número de homenaje en el que para variar, visto el nivel de la serie en los últimos años, brillan más los dibujantes que los guionistas. Creo que hubiera sido bonito haber publicado un número único ajustando más el precio como apareció en Estados Unidos, pero doctores tiene la iglesia.

miércoles, 21 de diciembre de 2011

“Theodore Poussin: El integral 2”, de Frank Le Gall.

Planeta ha publicado la esperada segunda entrega de los integrales en que Dupuis recopila la obra magna del francés Frank Le Gall,Theodore Poussin”, una serie exquisita de cuyo primer integral ya comentamos por aquí, que refleja como pocas el verdadero placer de las aventuras exóticas que en literatura los London, Stevenson y Conrad llevaron a su máxima expresión. Si la primera entrega ya era excelente, en esta segunda que reúne los álbumes del cinco al ocho – “El Tesoro del Rajá Blanco”, “Un pasajero desconocido”, “El Valle de las Rosas” y “La Casa de la isla”- nos encontramos con un Le Gall más maduro y ambicioso, que en cada nuevo álbum sorprende aportando una visión evocadora y original sobre una temática clásica en la que todo parecía explicado.

El Tesoro del Rajá Blanco” es la continuación de la aventura iniciada en “Secretos”, el cuarto álbum publicado en la primera entrega, y en el que Le Gall pone el broche final al primer gran ciclo de la serie marcado por las aventuras por los mares de Indochina del protagonista. Se trata de una aventura de corte clásico en la que el protagonista se ve enrolado contra su voluntad en la tripulación del brutal capitán Town y, tras superar un motín y un naufragio, buscan liberar al Rajá de una prisión holandesa para que desvele el paradero de su legendario tesoro. Si algo destaca este álbum, es por su respeto a las convenciones del género, el retrato de los personajes y la cuidada documentación que Le Gall muestra en el desarrollo de la trama.



Un pasajero desconocido” es para mí el mejor álbum de la serie hasta el momento. Le Gall nos narra el reencuentro de Poussin con su familia y su regreso a Francia donde le espera una vida convencional tras sus aventuras. La ambientación cambia drásticamente y la localización pasa de los luminosos mares de Asia a la brumosa Dunkerque. Con brillantísimo pulso narrativo, Le Gall se mantiene siempre un paso por delante de los lectores mientras el protagonista investiga la confirmación del secreto en torno a su verdadero origen.




El Valle de las Rosas” es un álbum especial por varios motivos ya que Le Gall se retrotrae en el tiempo para narrar la infancia feliz de Theodore Poussin a través de sus anécdotas infantiles con un tratamiento costumbrista de la historia abiertamente proustiano.




Para marcar aun más la diferencia respecto al resto de la serie, Le Gall sustituye su técnica habitual aplicando directamente acuarela en el original y suavizando las líneas caricaturescas de su personaje protagonista para reflejar mejor la fuerza evocadora de un tiempo perdido.



La casa de la isla” vuelve a hacer hincapié en las experiencias marinas de Theodore. En concreto, en la época en que a bordo de su pequeño buque mercante, El devorador de archipiélagos, se dedicaba al tráfico de mercancías. Cuando a causa de un huracán, Poussin acaba naufragando en una isla perdida habitada por extraños personajes.




En esta historia, Le Gall muestra de nuevo su habilidad para moverse entre la fantasía y la realidad en una historia de corte kafkiano en la que la referencia a “El Castillo” es más que evidente y en la que Le Gall profundiza a través de símbolos y evocaciones en la personalidad de Poussin. A mí este álbum salvando las distancias me parece un claro referente de “El Faro”, de Roca.



El segundo integral de “Theodore Poussin” muestra a un Le Gall que cuando quiere es el verdadero heredero de la Escuela Clara de Tomai no solo por su inmenso talento como dibujante que convierte cada álbum en una delicia visual sino además por la sensibilidad evocadora y original enfoque con el que aborda la aventura clásica que lo sitúa directamente en la estela de Hugo Pratt y su “Corto Maltés”, alejándose sin renunciar necesariamente a ella a la acción superficial para aportar una visión poética e introspectiva que busca constantemente la complicidad del lector. Un autor sutil, culto y exquisito de amplias lecturas que aplica para mejorar y enriquecer la obra propia.




La edición de Planeta es excelente en cuanto a la relación calidad precio e incorpora aparte de los álbumes relacionados abundante material complementario. Ojalá en Francia aparezca pronto el tercer integral que completa la serie y lo veamos pronto publicado en España. Mientras tanto, habrá que conformarse con releer las entregas publicadas de esta maravilla llamada “Theodore Poussin”.

martes, 20 de diciembre de 2011

Punisher, aquél villano de tercera…

¿Qué te atrajo del personaje, especialmente considerando que en ese momento era de segunda o tercera fila?

SG: Esos personajes siempre son los mejores para empezar, para intentar hacerte un nombre. Cualquiera puede escribir una historia pasable de Spider-Man. Nadie se inmuta por eso. Pero crear algo exitoso con un personaje en el que nadie se digna ni a pensar es otra cosa. En aquel momento, en Marvel se consideraba a “The Punisher” como un payaso de tercera categoría. Me acuerdo que la gente de marketing me dijo (una semana antes de que saliese nuestro primer número), que los lectores de Marvel no estaban interesados en las aventuras de un asesino psicótico. Tan sólo les respondí que sí. Porque siempre me había gustado el personaje. Me gustaba su auténtica ambigüedad moral, todas sus evidentes contradicciones. Me gustaba la certeza de lo que se había propuesto hacer, aunque estuviese equivocado. Siempre he visto a “The Punisher” como a un villano. Ciertamente es un criminal que viola la ley de forma periódica, sin pensárselo dos veces. Es un personaje fascinante. Y yo quería escribir cómics criminales, quería escribir una historia acerca de un villano. Los villanos son mucho más interesantes que los héroes, y en particular mucho más que los héroes que generalmente se pueden encontrar en los comic-books. Quería hacer un cómic con un estilo de historia y de narrativa que no se hubiese visto nunca en los cómics Marvel (hasta ese momento), algo muy conciso, con un punto de vista filosófico particular. Mézclalo todo y obtendrás un personaje que no se alejará mucho del que terminé presentando en la mini-serie.

(Con mucho acierto, el amigo y vecino Frog2000 traduce una completa entrevista realizada en 2006 por David Gutiérrez al escritor Steve Grant en la que este analiza el despegue de El Castigador (Punisher) a raíz del impacto que supuso la excelente serie limitada que realizase con Mike Zeck en 1986 - en su momento publicada por Forum como complemento de Marvel Héroes- y que supuso el despegue y el éxito mediático del personaje. En el fondo, es la misma historia de siempre que ya hemos visto repetida tantas veces…Personaje con enorme potencial que nadie aprecia y no triunfa hasta que un joven autor con ganas y suficiente libertad aporta un nuevo enfoque. Y de paso demuestra que ya se contaban historias negras en los cómics de superhéroes antes de Brubaker. La entrevista completa aquí).

lunes, 19 de diciembre de 2011

“Chew: Solo Postres”, de John Layman y Rob Guillory.

¡ Definitivamente, me rindo ante “Chew”! Si tras leer el primer ciclo tenía mis dudas, desde la anterior entrega la serie ha ido creciendo número a número hasta que en la tercera entrega de Planeta, “Solo Postres”, que reúne los números 11 a 15 de la serie, muestra todo su destornillante potencial.

Tony Chu y Amelia tienen su primera cita asistiendo a una cena muy especial en un club exclusivo, descubriremos qué pasó con Poyo, el codiciado e invencible gallo de pelea que conocimos en Yamapalu, y Tony y John estrecharán el cerco sobre el fugado Mason Savoy mientras Chu y Colby van reuniendo casi sin saberlo más piezas del puzzle en torno a la oscura conspiración que provocó la gripe aviar y los intereses económicos que desean que se mantenga el statu quo. Y, para rematarlo, conoceremos a la numerosa y mal avenida familia del agente Chu.

Se podrían decir muchas cosas para glosar las cualidades de esta serie del sello Image pero si algo trasciende número a número al lector son las ganas que le ponen los autores. Sin prejuicios y con mucho desparpajo Layman se vale de las manidas tramas conspiranoicas de Serie B a Z y demás cultura de derribo para, con cariño, humor y originalidad, satirizarlas riéndose de sus convenciones, pero al mismo tiempo dosificando la intriga para mantener en todo momento atrapado al lector sin desvelar demasiado de sus planes.

Layman y Guillory está claro que tienen muy planificada una serie que al parecer llegará a los sesenta números y se divierten enrevesando las distintas subtramas entre sí al tiempo que presentan personajes ridícula y escatológicamente entrañables en una historia río que conviene seguir desde el principio para no perderse y que no se ajusta demasiado bien a los convencionales modelos de arcos argumentales de cinco números impuestos en la industria para la recopilación en TPB. “Chew” no solo entretiene sino que además divierte y sorprende, lo que no deja de tener un mérito enorme teniendo en cuenta lo resabiados que somos los lectores.

A nivel gráfico, Guillory sigue mostrando su personal estilo, versátil y fresco que se ajusta como un guante a las peculiaridades de la serie. Además, en esta nueva entrega realiza en la edición original una serie de homenajes en las portadas (de “Reservoir Dogs a “La Última Cena”) algunos de los cuáles lamentablemente no se disfruten como se debería en la edición de Planeta (¿¿a quién se le ocurre reproducir una portada triple que no se puede desplegar??).

En fin, que “Chew” es una de las propuestas más divertidas, sinvergüenzas e inteligentes que ofrece actualmente el mainstream norteamericano. No la dejéis pasar.

domingo, 18 de diciembre de 2011

“Candy”: de Iggy Pop y Charles Burns a Killer Barbies y Schwarwell

Ya había comentado por aquí en una de las primeras entradas de esta sección que Charles Burns (“Black Hole”) había realizado la portada de “Brick by brick”, noveno disco de Iggy Pop de 1990, pero lo que no dije es que además Burns realizó también la portada del single de una de las mejores canciones del álbum, “Candy”, un dueto con la fantástica Kate Pierson de B-52.

Burns le dedicó una curiosa portada al single que aparentemente no tiene demasiada relación con la letra de la canción, aunque si pensamos enla ambigüedad de una y otra quizás su sencillez oculte una nueva genialidad del autor de “El Borbah”...

Pero es que, además, la relación de “Candy” con el cómic no acaba en Burns. En el año 2000, el grupo punk español Killer Barbies sacó un single para el mercado alemán en el que versionaba la canción de Iggy Pop.

Aparte de versiones de la canción en ingles y en castellano y un par de canciones más, lo curioso es que el disco incluía entre sus extras un cómic realizado por el alemán Schwarwell cuya portada se homenajeaba a la clásica “Tales from the Crypt” de E.C.

A continuación os dejo el video de la versión en inglés de “Candy” de Killer Barbies, en el que el cómic juega un papel importante.

sábado, 17 de diciembre de 2011

Stan Lee, ¿idiota?.


SL: Nunca he dicho eso. Estoy esperando a que alguien me diga qué es la violencia, y cómo eliminarlas de las historias. En otras palabras, me parece que toda historia está basada en un conflicto, en un problema que debe ser resuelto. Los niños quieren historias donde el conflicto sea más o menos físico. Los niños no leen historias donde no haya un conflicto físico y ese es el éxito de La isla del tesoro y similares. Estoy seguro de que podríamos tomar sus premisas y señalar un millar de cosas en La isla del tesoro que son dañinas, y entonces volvemos al mismo argumento. Podríamos tomar todos los clásicos del mundo, y como he dicho, podríamos coger la Biblia, que es el libro más dañino, lo siento, el libro más violento jamás publicado… El argumento es tan sofista, y tan ridículo, que yo mismo me siento como un idiota aquí sentado intentando razonar algo donde debería llegarse a una conclusión, pero usted ni siquiera intenta encontrar una solución, solo intenta proponer una discusión.
(Me resulta un poco sorprendente el poco eco que ha tenido en la blogosfera comiqueril la traducción que ha realizado Rafa Marín de buena parte del debate radiofónico mantenido por Stan The Man Lee y la doctora Hilde Mosse –discípula del célebre doctor Wertham- en 1968, en torno a la violencia en los cómics, el Code y la psiquiatría. El largo debate del que el párrafo anterior es una muestra nos acerca a un Lee en plena forma que pone contra las cuerdas a la Mosse en muchas ocasiones. No tiene desperdicio y merece la máxima difusión. Se puede leer completo aquí, aquí, aquí y aquí).

viernes, 16 de diciembre de 2011

Eduardo Barreto (1954 -2011)


Lamentablemente, a la muerte de Joe Simon hay que unir la del dibujante uruguayo Eduardo Barreto en el día de ayer.
Barreto fue un dibujante primoroso que destacó en sus trabajos para la Editorial Columba en la que trabajó junto a los más grandes guionistas hispanoamericanos, H.G. Oesterheld ("Kabul de Bengala") y Robin Wood (“Nippur de Laggash”, “Wolf”o “Kayan”).
Posteriormente, en los años ochenta, empezó a trabajar para DC donde realizó una excelente labor en series como “Wonder Woman”su versión de Diana para mí es una de las mejores-o “Los Nuevos Titanes.
Y, sobre todo, en una serie que despertará la nostalgia de los más talluditos, “Atari Force”.
Su último trabajo destacado para DC fue “Lex Luthor: Biografía No Autorizada”.
Sus últimos trabajos, antes de caer enfermo, fueron en “Judge Parker”, “Captain Action” y la tira dominical de “The Phamtom”.
D.E.P.

Joe Simon (1913-2011)

Lamentablemente, Jerry Robinson no ha sido el único pionero del cómic norteamericano – que guste más o menos es el cómic que hemos mamado todos- y del género de superhéroes que nos ha dejado estos días. Me acabo de enterar que el gran Joe Simon, cocreador del Capitán América junto a Jack Kirby, falleció el día 14.

Simon fue una de las figuras clave de la Golden Age, creando –normalmente junto a The King- personajes inolvidables como Bucky, Craneo Rojo o Manhunter y redefiniendo otros como The Sandman.

Simon supo adaptarse como pocos a las circunstancias históricas que le tocó vivir, ofreciendo al público aquellos cómics books que en cada momento demandaba. Así, en el período de preguerras y antes de su incorporación a filas ayudó a que el género superheroico viviera su edad dorada cocreando para Timely y National, siempre junto a Kirby, series y personajes generalmente de corte juvenil, como “The Boy Commandos” o “The Newsboy Legion”.

Cuando tras la guerra, los gustos del público cambiaron se volcó en distintos géneros siendo un pionero del cómic romántico en publicaciones como “Young Romance”, el de terror con “Black Magic”, o el policíaco con “Police Trap”.

Simon formó en los sesenta y setenta equipo con Jerry Grandinetti con quién desarrolló títulos y personajes tan originales para DC como “Prez”, “Outsiders” o “The Green Team: Boys Millonaires”.

Aparte de guionista y dibujante, Simon realizó tareas de editor y durante un corto período de tiempo en los cincuenta tuvo incluso su propia editorial junto a Kirby, Mainline.

D.E.P.